Así llegaron los viajes a mi vida

Esta semana “Las Historias de Lis” está de aniversario. Llegamos al primer año. Muchas gracias a todos los que han seguido mis pasos durante este tiempo y se han convertido en la motivación para continuar. Para celebrarlo, les contaré un poco de la historia de cómo los viajes llegaron a mi vida. 

Tenía aproximadamente 6 años cuando un familiar llegó a mi casa para hablarle a mi madre acerca de un lugar donde ella podría construir “una vida mejor”, aún recuerdo como le mostraba monedas de aquel lugar. La idea deslumbró a mi madre y no pasaron muchos meses para que ella decidiera emprender el rumbo hacia aquella mejor vida que tanto anhelaba. Una mañana como muchas otras me sirvió un biberón y se despidió como solía hacerlo antes de ir a trabajar, con la diferencia de que esta vez llevaba consigo una grande y fea maleta de flores que un hermano le había regalado y se había ido para no volver. No era un viaje de turismo, sino un viaje motivado por los problemas económicos y los deseos de construir una vida mejor para los suyos. Aunque al principio fue una decisión difícil de comprender y estuvo acompañada de mucho dolor, ahora pienso que aquel paso, fue el inicio de todo lo que soy actualmente y que le debo muchísimo a aquella muestra de valentía y de sacrificio por parte de mi madre.

Durante mi niñez siempre me gustó mucho irme de paseo, por lo regular buscaba donde pasar los fines de semana; ya fuera en el campo, en fincas de amigos de la familia o en el mismo pueblo donde vivía, en la casa de algún familiar o conocido, pero siempre me gustaba estar en lugares diferentes. Siempre he sido una persona muy curiosa y me gustaban mucho las fincas, en especial si tenían árboles frutales y ríos cerca. Perseguía a las gallinas para sacarle los huevos, hasta que un día confundí una con un pisco o pavo y éste me picoteo, me gustaba tomar la leche recién ordeñada y me comía el alimento de los caballos, la melaza (una sustancia espesa, dulce y de color oscuro que queda como residuo de la cristalización del azúcar de caña).

Por aquella misma época, asistía al colegio y era muy común que durante el año se organizaran diferentes viajes a lugares no muy lejanos, por lo general a parques de diversiones o piscinas. No me perdía ninguno y era tanta la emoción y la ansiedad que me daba antes de cada “paseo” como lo llamamos en mi país, que incluso dormía, bueno trataba porque la ansiedad hacia que soñara con ello, con el vestido de baño puesto para que no se me hiciera tarde en la mañana y por obvias razones incluso no me bañaba antes de salir. Sufría mucho en cada viaje, me mareaba con solo ver el bus y algunas veces vomitaba durante todo el camino, pero valía la pena. También hice parte de la “asociación verde” del lugar donde vivía, una zona de protección ambiental con gran diversidad en fauna y flora, así que también me dedicaba a recorrer los senderos de la región, a marcar caminos, limpiar bosques y simplemente disfrutar de la naturaleza.

Como les decía siempre me gustaban las fincas con ríos cerca, en uno de mis escapes de fines de semana, por poco muero ahogada en uno. Lo cual me provoco un profundo miedo y no aprendí a nadar sino hasta hace unos cuatro años atrás, sin embargo, he sido una fiel amante del mar. Conocí el mar en el mismo viaje en el que por primera vez me subí a un avión; para celebrar mis 15 años decidí que rompería con la tradición y no pediría una fiesta donde bailaría el vals con 15 chicos y me cambiarían mis tenis por unos tacones para simbolizar el paso de niña a mujer. Yo quería viajar y así fue, en compañía de mi madre fuimos a una isla en el caribe colombiano conocida como San Andrés, era mi primera vez en el mar y mi primera vez en un avión. Fue un muy buen comienzo viajero pues el piloto del avión como regalo de cumpleaños me invitó a pasar el vuelo en la cabina del avión, fueron casi dos horas allí y después el acercamiento con aquel paraíso caribeño.

Poco tiempo después empecé a viajar por temporadas al lugar donde mi mamá vive, otro paraíso caribeño pero esta vez fuera de Colombia, viajaba muy seguido y me encantaba estar allí porque en definitiva amo el mar, pero en aquel tiempo no sabía nadar así que no lo podía disfrutar en su totalidad. Hace varios años me encontraba en lo alto de una peña usando un chaleco salvavidas, me disponía a saltar y lo único que me preocupaba era cómo saldría del agua, aquel día salté y mi pareja me esperó en el agua para ayudarme a salir. Aquel día decidí que aprendería a nadar y así fue, me inscribí a clases de natación en la universidad a la que asistía y en menos de seis meses ya estaba nadando. En la universidad, también asistí a clases de campismo y de escalada deportiva; todo lo que me permitía conocer otros lugares.

Desierto de Thar, Rajasthan, India. Frontera Pakistaní 
Lis en el Desierto de Thar, Bikaner, India

En mi segundo año de universidad, fui becada por buen rendimiento académico y con la primera beca que recibí hice mi primer viaje largo en compañía de unos amigos y mi pareja y me fui de viaje por tierra desde el centro de Colombia hasta el norte del país (COLOMBIA, VIAJANDO A LA COSTA POR TIERRA). Por otro lado, mientras estudiaba en la universidad pasaron un par de años en los que no viajé a ver a mi madre, cambié el valor de los tiquetes aéreos por un curso para estudiar inglés, lo que posteriormente fue una de las principales herramientas para mi primer viaje en solitario a India. Viaje que se dio porque participé para ganarme una beca para ir a trabajar allí haciendo mis prácticas profesionales, en aquel mismo tiempo, me arriesgué a solicitar la visa de Estados Unidos y me la dieron, algo más que hizo posible aquel viaje. Cuando regresé y al terminar mi carrera como administradora de negocios, viajé por una temporada larga a Aruba, donde vive mi madre, y fue allí donde nació este blog “Las Historias de Lis”, justo hace un año. (COMO NACIÓ “LAS HISTORIAS DE LIS”)

Había algo más en mi vida, así que decidí irme detrás del amor a vivir a México, lugar donde estuve hasta hace muy poco y donde se encuentra aún mi corazón. Después de ocho meses, volví a Colombia y ahora busco una forma de llegar a una sinergia entre lo que sé hacer y lo que me apasiona.

Sí quieres conocer un poco más acerca de mí, te invito a leer esta entrada: ACERCA DE LIS

“I haven’t been everywhere but it’s on my list” Susan Sontag

Caminando por la Bocana, Buenaventura. Pacifico colombiano
Bocana, Buenaventura, Colombia
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7 pensamientos en “Así llegaron los viajes a mi vida”

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